Sobre los suspensos
Archivo de documentos 15 de septiembre del 2009
Curso nuevo, cates antiguos.
Matemáticas, lengua e inglés son las asignaturas con más suspensos – Algunos expertos piden más esfuerzo al alumno y más amenidad al maestro
PILAR ÁLVAREZ. – Madrid -14/09/2009
El chico se pierde cada vez que le hablan del sintagma. Como en el anuncio aquel en el que el alumno se dormía y el profesor le reprendía con un: “Gutiérrez, que le veo”. Álvaro lo admite. “No hay manera con la sintaxis”. Es un estudiante poco modélico de 15 años que suspendió cinco en 3º de ESO el curso pasado. Se planta ante el manual de Lengua con cara de aburrimiento.
El chico se pierde cada vez que le hablan del sintagma. Como en el anuncio aquel en el que el alumno se dormía y el profesor le reprendía con un: “Gutiérrez, que le veo”. Álvaro lo admite. “No hay manera con la sintaxis”. Es un estudiante poco modélico de 15 años que suspendió cinco en 3º de ESO el curso pasado. Se planta ante el manual de Lengua con cara de aburrimiento. Y se resigna. “Casi siempre he sido de suspender, la verdad”. También le quedaron inglés, plástica, biología y religión. Su verano no ha sido envidiable. Y llega septiembre.
Álvaro vuelve al instituto el miércoles como todos los alumnos de Secundaria. Los más pequeños empiezan hoy. Libros nuevos, libretas impolutas, bolígrafos con la tinta por estrenar. Y un reto: aprobar todas las asignaturas. O todas las que puedan. Casi todos los suspensos caerán en las mismas. De siete a 18 años, desde 2º de Primaria a 2º de Bachillerato, los alumnos catean casi siempre lengua, matemáticas e inglés. Así se refleja en el último Informe de resultados escolares elaborado por la Inspección de Educación con datos del curso 2007-2008.
Los primeros años suspende como máximo uno de cada cinco alumnos alguna de estas asignaturas. Pero la cifra aumenta conforme pasan los cursos. Hasta un tercio de los aspirantes se quedan por el camino en Secundaria y Bachillerato (ver cuadro).
El joven Álvaro, consciente de sus limitaciones, confiesa que él podría salir de ese grupo. Pero no quiere. “Soy vago”. También echa parte de culpa a sus profesores porque “cada uno explica como quiere y a algunos no se les entiende”.
“Les atormentamos con conceptos muy técnicos, monemas, fonemas…”, admite José Luis Girón, catedrático de Lengua Española de la Universidad Complutense y veterano docente en Bachillerato. “Esta asignatura requiere gran capacidad de abstracción”, añade. Girón considera que el currículo de la asignatura está mal planteado – “habría que separar lengua por un lado y literatura por otro”- y critica la base: “Los niños tienen que leer y escribir más y sus profesores deben ofrecerles textos con los que no se aburran”. ¿Algún truco? Aparte de lo dicho, el catedrático no confía en más fórmulas mágicas. La verdadera clave, dice, es “estudiar y tener suerte”.
A Rafa, de 16 años, lo que le atormenta son las matemáticas, una asignatura por la que no abandona ningún curso el podio de suspensos. El estudiante de 3º, como Álvaro, se ha quedado casi sin vacaciones. De junio a septiembre ha hincado codos “al menos” tres horas al día en una academia. Antes de los exámenes de repesca, no confiaba mucho en sacar adelante las matemáticas, una de las seis que le quedaron en junio. “Siempre se me han dado mal, soy muy lento”. Se queja de que sus profesores explican muy rápido y con poca pasión. “Se nota que no les gusta lo que hacen”.
“Hay que buscar ejemplos relacionados con su mundo, enseñarles que las matemáticas pueden ser bonitas y divertidas”, explica María Gaspar, profesora de esta asignatura en Secundaria. Y pone uno. Si se trata de convencer a los chicos de que lo que mola es la estadística, nada como proponer a los alumnos que combinen los resultados de distintos equipos de una liga de fútbol o, para estudiar la probabilidad, empezar la explicación lanzando una moneda al aire. Cara o cruz.
Como su colega de lengua, la profesora admite que las matemáticas requieren dedicación y esfuerzo. “Esto no se puede improvisar”. Y, igual que en otras asignaturas troncales, o se afianzan conocimientos o cada año puede ser peor. “Aprender matemáticas es algo muy constructivo, tienes que tener los cimientos bien fijos o avanzará la obra y se te caerá el edificio encima”.
Los que no aprendan de pequeños la pueden arrastrar hasta el Bachillerato. Eso explica que las matemáticas estén siempre presentes entre las asignaturas con más fracaso. Pero hay novedades conforme los alumnos se hacen mayores. En 2º de Bachillerato, la primera de la lista fue la historia del arte. ¿Por qué?
Ana María Arias de Cossio es catedrática en Historia del Arte en la Universidad Complutense y miembro habitual de los tribunales en los que se corrigen las pruebas de Selectividad. “A juzgar por los exámenes, los profesores creen que deben darle todo el temario, no ahorran en detalles, aportan mucha información sólo para que se memorice”, asegura. Arias también cree que los chicos no leen lo suficiente, nota la falta de léxico en las pruebas finales. Pero también pide a los docentes que eliminen fechas, que sean más directos. Y se apunta a la formación práctica. “Para aprender de verdad quién era Tiziano, nada como ir con los alumnos al Museo del Prado”.